domingo, 25 de febrero de 2018

FÁBULA: "LOS SIETE CABALLEROS DE COLORES"

Érase una vez, hace ya muchos años, en el Reino de los Colores había siete caballeros: el Rojo, el Anaranjado, el Amarillo, el Verde, el Azul, el Añil y el Violeta. Todos muy valientes y osados, y estaban muy orgullosos de su color.

El caballero Rojo decía muy satisfecho:

- Mi color es el más bonito. Mirad el fuego, las cerezas y las fresas, y aquellas rosas rojas que parecen una llama viva. La vida es roja como unos labios para besar.

El caballero Anaranjado le replicaba siempre:

- Sí, pero el color rojo es el de la sangre, de la guerra. Sin embargo, el mío es el color de las naranjas y las mandarinas, y de las nubes cuando se pone el sol y el aire todavía es tibio. Es un color suave, e incluso parece que huela bien.

Enseguida se entrometía el color Amarillo:

- ¡Qué falsedad! Yo sí soy hermoso: mirad el sol, el oro, los limones, la miel y muchas de las flores del campo. Hasta las hojas de los árboles, en otoño, se vuelven amarillas como si tuvieran envidia de las flores.

El caballero Verde rompía a reír:

- ¡Vamos, vamos! Las hojas, en otoño, amarillean porque están a punto de morir. Cuando las plantas y los árboles están fuertes y jóvenes, sus hojas son verdes. Mirad los montes, las praderas y los bosques. El mundo es verde cuando está vivo. 

Pero el caballero Azul gritaba:

- ¿Qué disparate acabo de oír? Si algún color es el mundo, ese es el azul. Mirad el mar inmenso, y los lagos y los ríos. Y el cielo: una inmensa bóveda azul, un espacio infinito de color azul. Azul marino para el agua y azul celeste para el cielo..

El caballero Añil, callado hasta entonces, decía con talante presumido:

- Pero, ¿de qué color son las montañas en la lejanía a media tarde, cuando el sol les da de soslayo? Son de color añil; como el vino y la uva madura. Y como las ciruelas, las moras y los higos, más dulces que la miel. El color añil es serio, solemne, magnífico.

Para terminar decía el caballero Violeta:

- A ver, ¿cuál es la flor más perfumada y más delicada del bosque? Naturalmente, la violeta. Y, ¿el color de muchas piedras preciosas del corazón de la tierra? El violeta es un color lleno de sentimiento, de emoción; es el cielo en el crepúsculo, el sonido de terciopelo que producen los violines. Sólo el nombre de violeta ya es pura poesía.

Y cada uno de ellos se pasaba horas ante el espejo contemplando los reflejos de su color; porque todos se creían el mejor y sólo veían defectos en los demás.

Un día, el rey Blanco y Negro, que era el señor de los siete caballeros, acompañado de la reina Rosa, los llamó y les dijo:

- Amados y valientes caballeros de colores, empiezo a estar un poco harto de vuestras peleas y vuestras vanidades. Yo, el rey Blanco y Negro, os mando y ordeno que en adelante vayáis siempre juntos y no discutáis por vuestras diferencias. Es verdad que somos diferentes, pero... ¡qué aburrimiento si todo fuera igual! 

Y, continuó:

- Mirad: pronto se casará mi hija, la princesa Rosa-Blanca, y quiero decorar la portada de mi palacio con el adorno más bello que nadie haya visto jamás. Os lo dejo en vuestras manos, caballeros de colores.

Cada caballero empezó a pensar cómo contentar al rey y sólo se les ocurría adornar el palacio con un gran arco de su color. En la víspera de la boda, se reunieron y, cuando cada uno expuso su idea, empezó la misma discusión de siempre. Entonces, el rey Blanco y Negro salió de su habitación y dijo a sus criados que los ataran entre sí y los mandaran más allá de las nubes.

¡Oh, maravilloso! Lo que ocurrió entonces fue algo que nadie podía imaginar. Allí, más allá de las nubes, formaron el arco más bonito y esplendoroso que nadie había visto jamás: el arco iris. Todos los caballeros, cada uno con su color, pero junto a los demás. En el país entero, los ojos embelesados de todos miraban hacia el cielo:

- ¡Oh, qué arco de colores! ¡Qué colores tan diferentes, y qué hermosos todos juntos! Parece, a la vez, una llama ardiente, una cesta de naranjas, un rayo de sol, un retazo de bosque, un sorbo de mar, una canasta de uvas maduras y el cielo en el crepúsculo; todo a la vez. ¡Es fantástico!


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Con motivo de la celebración del "Día de la Paz", 
los alumnos de 5º de Ed. Primaria trabajaron esta 
fábula sobre la tolerancia y la diversidad.
Después de leerla, realizaron modificaciones 
creando nuevas historias. 
Aquí puedes leer dos de ellas. 

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Versión de: Nuria y Edurne

Érase una vez, hace ya muchos años, en el Reino de los Colores había siete caballeros, todos muy valientes y osados, y muy orgullosos de su color.

El caballero Rojo decía muy satisfecho:

- Mi color es el más bonito. Mirad el fuego, las cerezas, las fresas y aquellas rosas rojas que parecen una llama viva. 

El caballero Anaranjado le replicaba siempre:

- Mi color es el mejor, porque es el color de las nubes cuando se pone el sol.

Enseguida se entrometía el color Amarillo:

- No, mi color es el mejor porque es el color de la alegría y del oro.

El caballero Verde rompía a reír:

- Jijijiji, mi color es el mejor porque es el color del campo y la naturaleza.

Pero el caballero Azul gritaba:

- Sí claro, vuestro color siempre tiene que ser el mejor. Pero el mío es el mejor porque es el color del mar y el cielo.

El caballero Añil decía presumido:

- Vuestros colores siempre serán llamativos pero el oscuro, no viene nada mal.

Para terminar decía el caballero Violeta:

- El violeta siempre soluciona todo, así que es el mejor.

Una mañana apareció un caballero blanco que escuchaba todos los días cómo se peleaban por sus colores. Estaba triste porque al caballero blanco se le llamaba también "Caballero de la Paz". 

No soportaba cómo se peleaban por sus colores. Se fue dándoles una oportunidad pensando que a la mañana siguiente no discutirían por los colores.

Cuando llegó la mañana pensaba que no se enfadarían, pero se equivocó y al final fue a hablar con los siete y les dijo:

- No discutáis, juntos sois Paz, sois un arcoíris.

Los siete caballeros le dieron la razón y no volvieron a enfadarse. 


Fin

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Versión de: Zoe y Hajira

Érase una vez, hace ya muchos años, en el Reino de los Colores había siete caballeros, todos muy valientes y osados, y muy orgullosos de su color.

El caballero Rojo decía muy satisfecho:

- Mi color es el más bonito. Mirad el fuego, las cerezas, las fresas y aquellas rosas rojas que parecen una llama viva. 

El caballero Anaranjado le replicaba siempre:

- Mi color es el mejor porque es el color de las naranjas y de algunas hojas en otoño.

Enseguida se entrometía el color Amarillo:

- No, mi color es el mejor porque es el color del sol, de algunas flores y es el color de los limones.

El caballero Verde rompía a reír:

- Mi color es el mejor porque es el color de la primavera y de muchos animales.

Pero el caballero Azul gritaba:

- Mi color es el mejor porque es el color del cielo y del mar.

El caballero Añil decía presumido:

- Mi color es el mejor porque es el color de la tinta y gracias a ella podemos escribir.

Para terminar decía el caballero Violeta:

- Mi color es el mejor porque es el color de una flor preciosa y muy perfumada.

Todos discutían pero de repente vino el color Negro y dijo: 

- Tengo una idea podemos ir a casa del mago para conseguir una solución. 

Recorrieron el bosque para ver al mago y cuando llegaron a su casa éste tenía una solución: conseguir que todos tuvieran el mismo color.

Los caballeros accedieron: Pero, ¿qué color? Entonces volvieron a pelearse. 

Y el mago dijo: 

- Seréis de color blanco, el color de la paz.

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